SEMBLANZAS OCULTAS DE NUESTRA HISTORIA

Javier Moscoso V. Capitán Aviación. Sucre, es la tierra añorada a la que todos sus hijos quieren regresar de allá donde se encuentren. Uno de esos episodios asombrosos es de un sucrense que pese a vivir fuera de su tierra por 45 años nunca olvidó su solar añorado.

 

Marcaban las 11:00 del 12 de mayo de 2017, era un hermoso día, propicio para caminar por las calles deslumbrantes del centro de la ciudad de Sucre.
La Casa Municipal de Cultura, como todos los días estaba abierta y recibía con los brazos abiertos a su gente; uno de ellos era Don Javier Moscoso, acompañado de su familia, quien asombrado y nostálgico observaba las edificaciones y cambios de esta infraestructura Municipal.
Después de 45 años retornaba de España a la capital del Estado Plurinacional de Bolivia. Él era uno de los tres pilotos chuquisaqueños que, en 1945, antes del terremoto que sacudió a la vieja ciudad, rindió homenaje, a las  12:00 de aquel 25 de Mayo, en la recordación de los 136 años del Primer Grito de Libertad. Con 98 años de edad, regresa a su tierra y lleno de energía, visitó el farallón de Cal Orck`o, el Cementerio General, la Plaza 25 de Mayo, museos y varios atractivos que según su testimonio, le angustiaba el corazón. “Mi padre me dijo que no quería cerrar los ojos sin antes retornar a su tierra adorada”, expresa con mucha emoción Luis Fernando Moscoso, hijo del chuquisaqueño Javier Moscoso, quien se emociona aún más al escuchar atento a su padre que exclamaba orgulloso: ¡¡¡Yo también soy Qh’arapanza!!! Javier Moscoso Etcheverry nació en Sucre, Bolivia, el 6 de junio de 1919 y estuvo ligado a las
Fuerzas Armadas, en 1940, primeramente en La Paz y luego en la Escuela de Aviación Boquerón de la Fuerza Aérea Boliviana, que tenía como base Santa Cruz. Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, fue enviado a Alemania junto a otros aviadores para adquirir conocimientos más avanzados y poder aplicarlos en el país; estuvo en Canadá, realizando cursos que le permitieron realizar el bosquejo de la primera Ley Aeronáutica de Bolivia y que luego de algunos ajustes, fue la norma que rigió la aviación en el país.
En enero de 1971 fue nombrado Cónsul de Bolivia en España, orden que le fue encomendada por el presidente Juan José Torres; pese a que estuvo pocos meses en el cargo, debido al golpe de Hugo Banzer, trató de cumplir con el servicio a los compatriotas.
Después de dejar el Consulado, conformó una empresa que fabricaba envases para productos químicos y luego incursionó en otros negocios, entre ellos la fabricación de indumentaria deportiva para el club Barcelona de basquetbol.
Casado con María Luisa Gamio Gutiérrez, tuvo cuatro hijos: María Luisa, Javier, Marcelo y Luis Fernando. Tras la muerte de su compañera de toda la vida, a fines del año pasado, les hizo prometer a sus hijos que lo trajeran a Sucre, su tierra natal.
Con varios recuerdos en las manos, entre ellos, un cuadro de la ciudad y un libro de lujo con fotografías de su amada tierra, Javier Moscoso, se comprometió a continuar siendo el Embajador de nuestra ciudad con las amistades que rodean su familia en Europa; empero, el mejor recuerdo que este ciudadano deja a la Capital, es una hermosa fotografía de 1945 en la que se puede observar la ciudad de los cuatro nombres, en plena celebración, y por los aires de la ciudad de Sucre, tres aeronaves rendían homenaje a la histórica fecha; uno de los pilotos era Don Javier Moscoso.
Este chuquisaqueño que nunca olvidó su tierra retornará a España el 1 de junio de esta gestión. Javier Moscoso, un sucrense que descubrió nuevos horizontes, con el coraje de no olvidar nunca su solar que lo vio nacer.

 

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